Maj Britt Jensen

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La puta de nuestras conciencias / Diana María González y Maj Britt Jensen, 2005 - 2007

El re-enactment de un diálogo entre dos amigas artistas construido a partir del intercambio de citas de escritores, filósofos, de personas que escriben en torno al arte, etc. El proceso tras el video: durante 10 meses mantuvimos un diálogo a partir del intercambio y análisis de citas. Las citas fueron detonadas por situaciones personales, dudas y preguntas sobre las que estábamos reflexionando en el momento en el que las encontramos en alguno de los libros que pasaban por nuestras manos. Aprendimos las citas de memoria para reconstruir nuestro diálogo. “El conocimiento y el arte se han convertido en el colchón más dulce de nuestra amistad”.

Cámara: Andrés Villalobos / Audio: Jonathan Miralda y Lauro López Sánchez / Asesoría en la coreografía: Magdalena Fernández Child

En su grupo son dos: Diana María González Colmenero y Maj Britt Jensen.

Son amigas y entablaron un diálogo como artistas. Son artistas y entablaron un diálogo como amigas. El resultado de este proceso puede verse en Actos de voluntad en la Sala de Arte Público Siqueiros.

Su colectivo se llama La Puta de Nuestras Conciencias. Es un nombre llamativo, incluso explosivo. No podía ser de manera, tratándose de un grupo cuya materia prima la palabra, cuya estrategia es la comunicación y cuya estructura es la interacción.

Todo empezó como un juego, que en el arte es la mejor forma de abordar cualquier tema serio.

Ellas estaban interesadas en la teoría y en el lenguaje, lo cual no es raro en estos tiempos en los que las artes visuales viven envueltas, incluso sitiadas (según algunos), por los conceptos. Leían y disfrutaban las ideas. Eso las unía. A veces los filósofos y los poetas expresaban lo que ellas pensaban, pero también les abrían horizontes.

Un buen día buscaron la forma integrar su interés por la palabra a su producción artística. Era un camino para entender su propio proceso creativo. Empezaron a discutir los temas que más les interesaban como la voluntad, el deseo, el miedo y la libertad.

A partir de sus lecturas, ahora más dirigidas, empezó un intercambio que duró ocho meses. Cada semana una de ellas aportaba la cita que mejor representaba lo que estaba pensando y/o sintiendo. La discutían. La desmenuzaban. A la siguiente semana la otra aportaba una nueva cita que respondía a la analizada y abría otro tema. Por sus manos pasaron Jodorovsky, Calvino, Deleuze, Paz, Levinas, Rilke, Camus y otros.

El siguiente paso fue memorizar estas citas e hilvanarlas en un guión. Después las grabaron. El resultado es Hablando contigo, un video en el que ambas recitan sus citas, una vestida con una chamarra con capucha roja, la otra azul. Hay color y rostro.

A pesar de su sencillez, el video es sorprendente. De entrada es inusual escuchar textos pensados para leerse, especialmente los teóricos. Tampoco es común ver a dos mujeres jóvenes expresándose con palabras tan densas. Pequeños titubeos al decirlas muestran que esto, más que alarde, es un proceso de aprendizaje compartido.

Durante casi todo el video las artistas están de perfil, dirigiéndose una a la otra. Hay seriedad y dulzura. Cuando una habla la otra siempre está atenta. Las últimas frases se las dirigen a la cámara. Nos ven directamente, incluyéndonos en su acción. En cierto momento pensé que su objetivo era la crítica, incluso la burla al exceso de teoría, pero en sus rostros nunca hay ironía.

El proceso no terminó ahí. Siguieron una serie de interacciones con otros interlocutores, con otros cómplices.

En la sala está un video de una presentación previa de Hablando contigo en Casa Vecina y el intenso diálogo que se entabló con el público. También están las transcripciones de ocho entrevistas de las artistas con personas a las que les mostraron el video y les solicitaron comentarios, entre ellas Itala Schmelz y José Luis Barrios, con sus respectivas fotografías. De estas interacciones surgió otro elemento de la obra: un video en el que ellas abandonan la palabra y dialogan a partir de movimientos corporales. La pieza concluye con las reflexiones escritas de las artistas. Sus ideas.

El resultado de someter a la teoría a este proceso creativo acabó siendo un producto artístico único, extraño, orgánico, que sólo responde a sí mismo.

Y, curiosamente, aunque la teoría puede ser un tema muy árido, el lecho de amistad y diálogo sobre el que la colocaron, dio como resultado una obra que, observada con cuidado, es muy cálida.

 

Mónica Mayer

Registro fotográfico: Eduardo Olivares

Bajo la sombra de un árbol

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